El maíz de Abya Yala es diverso en formas y colores. Estas variedades se han perpetuado a lo largo de los siglos gracias a la sabiduría y dedicación de sus pueblos originarios, que han ido guardando semillas de calidad seleccionadas en cada cosecha para volverlas a sembrar y garantizar su base alimentaria generación tras generación. Las mujeres han estado al frente de esta tarea. Estos distintos tipos de maíz resisten ante el modelo neoliberal capitalista que quiere limitar su riqueza a una única variedad uniforme que genera dependencia y no cuenta con la misma calidad nutritiva.


También son diversas las defensoras de Abya Yala, quienes están resistiendo a lo largo y ancho de toda la región, liderando multitud de luchas frente a intereses económicos transnacionales, que expolian y violentan la naturaleza y sus vidas, obligándolas a huir.

Huyen de proyectos extractivos de minería, petroleras, hidroeléctricas, madereras y monocultivos, amenazas reflejadas en las ilustraciones de esta publicación. Esta situación es especialmente grave en países como Colombia, Brasil, México, Honduras, Guatemala, Venezuela y Nicaragua.


Gran parte de ellas son mujeres indígenas. Pese a representar solo el 5% de la población mundial, los pueblos indígenas son quienes salvaguardan la mayor parte de la biodiversidad de nuestro planeta, precisamente, porque sus formas de vida sostenibles y armónicas con la naturaleza se enfrentan a las necesidades crecientes de recursos que requiere el ritmo de consumo imperante en el mundo. Y por ello, son también los más atacados.


Entre 2017 y 2018, 65 defensoras fueron asesinadas, 27 sufrieron intentos de asesinato en Mesoamérica y 3.305 sufrieron agresiones, la mayoría reiteradamente (según los datos del último informe de la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras). Es preocupante comprobar que estos datos duplican el bienio anterior. Del 2010 al 2018 se han registrado 156 defensoras asesinadas en la región.


Las mujeres que defienden su derecho a la tierra y a un medio ambiente sano se enfrentan a amenazas específicas, además de las que enfrentan los hombres. Las campañas de difamación suelen centrarse en su vida privada, con contenido sexista o sexual explícito. La violencia sexual, que normalmente no es denunciada, también se utiliza como táctica para silenciar a las defensoras. Las mujeres que ocupan puestos de liderazgo suelen ser estigmatizadas por oponerse a los roles de género tradicionales.

Esta persecución no ha cesado con el confinamiento y la pandemia. 10 defensoras de la región han sido asesinadas durante este año y muchas siguen amenazadas y perseguidas. En torno a la mitad de ellas no tienen recursos suficientes para garantizar sus necesidades básicas o acceso a servicios de salud.


Con el beneficio que obtengamos de la venta del cuento PROTECTORAS, apoyaremos económicamente a mujeres defensoras de la región de Abya Yala que se han visto obligadas a huir de sus territorios para proteger sus vidas, dejando atrás lo que más aman, y que no cuentan con los recursos necesarios para sostenerse dignamente mientras su situación mejora.